Pocas conversaciones deterioran tanto la relación entre propietario y contratista como la de los adicionales. Llegan a mitad de obra, con la cuadrilla parada esperando una decisión, y el propietario tiene que resolver en días algo que debió resolverse en la mesa de diseño. Este artículo explica de dónde salen realmente los adicionales, cuáles son evitables y qué mecanismos permiten controlarlos sin que el proyecto se detenga.

Qué es un adicional y qué no lo es
Un adicional es un trabajo no previsto en el contrato que resulta necesario para completar la obra. Esa definición parece obvia, pero es donde empieza el problema: «no previsto en el contrato» depende de cómo se escribió el contrato.
Si el alcance se redactó con precisión y los planos estaban completos, un adicional es genuinamente algo que nadie podía anticipar. Si el alcance era ambiguo o la ingeniería estaba a medias, buena parte de lo que se factura como adicional es en realidad trabajo que siempre estuvo dentro del proyecto pero fuera del papel.
Las cinco causas, por orden de frecuencia
1. Ingeniería incompleta al momento de licitar
Es la causa madre. Se licita con planos de anteproyecto o con especialidades sin compatibilizar, el contratista cotiza lo que ve, y en obra aparece lo que no estaba dibujado: un pase que no existe, una interferencia entre un ducto y una viga, una instalación que no llega. Cada hallazgo es un adicional legítimo desde el punto de vista contractual, y evitable desde el punto de vista técnico.
2. Alcance mal repartido entre paquetes
Cuando la obra se divide en varios contratos, las fronteras entre paquetes son el terreno fértil de los adicionales. Quién hace el resane, quién deja el pase, quién retira el desmonte del otro. Si el corte de alcance no fue explícito, cada contratista supone que lo hace el otro, y al final lo cobra uno de los dos.
3. Condiciones de sitio distintas a las previstas
Suelo que no corresponde al estudio, instalaciones enterradas no registradas, estructuras existentes en peor estado del evaluado. Es la categoría más genuinamente imprevisible, y también la que se reduce con estudios preliminares serios: mecánica de suelos, levantamiento del existente, calicatas suficientes.
4. Cambios pedidos por el propietario
Legítimos y frecuentes: cambia el arrendatario, cambia el equipamiento, cambia una decisión comercial. Aquí el adicional no se evita, se administra. Lo que no puede ocurrir es que se autorice sin conocer su impacto en plazo y costo.
5. Errores de metrado en el presupuesto contractual
Partidas subestimadas que al ejecutarse revelan cantidades mayores. En contratos a precios unitarios se regularizan; en suma alzada son motivo de disputa. Se detectan verificando los metrados antes de firmar, no después.

Cómo se controlan
El control de adicionales no empieza cuando llega el primero. Empieza mucho antes.
Antes de licitar: cerrar la ingeniería
La coordinación multidisciplinaria sobre modelo permite detectar las interferencias entre estructuras, instalaciones y arquitectura mientras corregirlas cuesta una reunión. Es el uso más rentable de BIM dentro de una metodología VDC: no producir modelos bonitos, sino eliminar adicionales antes de que existan.
Al contratar: alcances sin zonas grises
Cada paquete debe declarar qué incluye y qué no, con especial cuidado en las interfaces. Una matriz de responsabilidades entre contratistas evita la mayor parte de las discusiones de frontera.
Durante la obra: control de cambios formal
Ningún trabajo adicional debería ejecutarse sin haber pasado por tres filtros: procedencia técnica —¿es realmente necesario?—, procedencia contractual —¿está o no dentro del alcance firmado?— y cuantificación del impacto en costo y en plazo. Recién entonces el propietario autoriza, con la información completa.
Ese circuito debe estar escrito antes de que llegue el primer adicional, con plazos de respuesta definidos. Sin plazos, el control de cambios se convierte en el pretexto del atraso.
Siempre: un registro único
Cada adicional con su número, fecha de solicitud, sustento, monto, estado y decisión. Al final de la obra ese registro es la diferencia entre una liquidación ordenada y un arbitraje.
Cuando el adicional ya llegó
La reacción instintiva —negarlo todo— suele salir cara: paraliza el frente y termina en reclamo. La reacción opuesta —autorizar para no detener la obra— sale peor. Lo que funciona es responder rápido y con sustento: verificar en campo, contrastar contra el contrato y los planos, cuantificar con precios pactados y responder por escrito dentro del plazo acordado.
Un propietario que responde en cuarenta y ocho horas con un análisis técnico tiene una posición muy distinta a la de uno que responde en tres semanas sin él.
Preguntas frecuentes
¿Qué porcentaje de adicionales es normal en una obra?
No existe una cifra estándar aplicable a todo proyecto: depende del nivel de definición con el que se licitó. Lo que sí es un buen indicador es el origen: si la mayoría de los adicionales proviene de ingeniería incompleta o de alcances mal cortados, el problema es de preconstrucción y era evitable. Si provienen de cambios del propietario o de condiciones de sitio genuinamente imprevisibles, el proyecto se está administrando bien.
¿Se pueden evitar del todo los adicionales?
No, y quien lo prometa está exagerando. Siempre habrá condiciones imprevisibles y cambios de decisión del propietario. Lo que sí se puede es eliminar la categoría evitable —la que nace de planos incompletos y alcances ambiguos—, que suele ser la más voluminosa, y administrar el resto con un circuito formal que impida que se ejecuten sin autorización informada.
¿Quién debe evaluar técnicamente un adicional?
Alguien que represente al propietario y no tenga interés en el monto ejecutado. Si la evaluación la hace el propio contratista que lo solicita, no es una evaluación. Esa es una de las funciones centrales de la supervisión de obras y de la dirección de proyectos del lado del cliente.
¿Qué hago si ya estoy en obra y los adicionales se acumulan?
Lo primero es un levantamiento de la situación real: cuántos hay, en qué estado, cuál es el monto acumulado y qué parte tiene sustento contractual. Con eso se reconstruye la proyección de costo final, que suele ser el dato que falta. A partir de ahí se instala el circuito de control para los siguientes y se negocia el histórico con un criterio uniforme, no caso por caso.
¿Tiene adicionales acumulados sin resolver? Conversemos sobre cómo ordenarlos antes de que lleguen a la liquidación.
Otros artículos
31 de julio, 2026Visita al Grupo UNACEM: capacidad, inversión y lo que llega a la obra
22 de julio, 2026Visita técnica a UNICON: por qué conocer la planta cambia la planificación de la obra
15 de julio, 2026Valtana en OSITRÁN: VDC, BIM y Lean para la supervisión de infraestructura
8 de julio, 2026ConTech: por qué desarrollamos nuestras propias plataformas para la obra
3 de julio, 2026CASACOR 2026: qué tendencias del sector inmobiliario se llevan a un proyecto
1 de julio, 2026PropTech: decidir bien una inversión inmobiliaria antes del primer plano
26 de mayo, 2026Valtana se suma a CAPECO: por qué nos asociamos al gremio de la construcción
2 de abril, 2026Obras paralizadas en el Perú: 2.241 proyectos, S/ 73 mil millones y cuatro causas que se repiten
26 de marzo, 2026Owner’s Representative: qué es y por qué el propietario necesita uno